


Desde el momento en que naciste, el universo adquirió un nuevo centro. El tuyo
Parecería metáfora o arrogancia, pero es la condición más básica de existir: nadie puede habitar otra conciencia que no sea la propia. Solo tienes acceso a un único punto de observación, nutrido por tus sentidos, tus recuerdos y las experiencias que el tiempo te ha ido depositando. Como diría la sabiduría popular, cada cabeza es un mundo. Pero si lo llevamos más lejos, cada cabeza es una intersección infinita de mundos. Porque tu universo no existe en soledad: es constantemente invadido, transformado y reconstruido por otros universos que orbitan el tuyo. Cada persona que entra a tu vida es una dimensión paralela que colisiona con la tuya y deja el paisaje distinto. A veces lo enriquece. A veces lo destruye. Siempre lo cambia. La paradoja hermosa, y un poco vertiginosa, es que mientras todo eso ocurre, tú sigues siendo el centro inamovible de tu propio universo. Nadie te puede quitar eso.
La pregunta es si alguna vez te has tomado el tiempo de conocerlo.
Adquiere arte original
Ogullosamente méxicano y hecho a mano.







